¿Cómo evitar el síndrome del niño hiperregalado?

Corina González · 14 julio, 2018
Algunos padres pretenden compensar su ausencia en el hogar con obsequios. Este es un error muy común en la sociedad del siglo XXI.

El síndrome del niño hiperregalado es un fenómeno social que, muchos padres no están conscientes de que crean y acentúan en sus hijos. Desde el punto de la psicología infantil, promueve una serie de conductas perjudiciales. No obstante, se puede corregir una vez que se detecta.

Ahora bien, ¿en qué consiste el síndrome mencionado? Consiste en conceder, de forma excesiva, regalos materiales a los niños. Por lo general, se trata de objetos que no necesitan puesto que ya cuentan con lo necesario (y más) para su desarrollo.

La influencia de la publicidad

Al acercarse fechas especiales como los cumpleaños, la navidad y otras celebraciones, el síndrome del niño hiperregalado se hace más notorio, puesto que los estímulos publicitarios son más directos y ocurren en mayor cantidad. En otras palabras, el ‘bombardeo’ publicitario de juguetes resulta la principal causa de encaprichamiento. 

Ante la publicidad, los niños pueden llegar a considerar que su felicidad está en la obtención de todo aquello que ven. La novedad y la forma en que se ‘vende’ el producto les resulta tan llamativa que, de una forma u otra, creen que necesitan poseerlo todo.

Al dar regalos u obsequios en demasía a un niño no promovemos los valores más adecuados. Al contrario, les damos el mensaje de que lo que vale la pena es tener el objeto y nada más. Así, nuestros hijos se acostumbran a tener mucho de todo y a no darle valor a lo que ya poseen. De hecho, una vez que llegan a hacerse con algo, lo olvidan porque ya comienzan a pensar en su siguiente capricho.

Los niños tiranos padecen el síndrome del emperador.

Señales del síndrome de niño hiperregalado

Algunas señales que pueden observarse en los pequeños con el síndrome del niño hiperregalado son las siguientes:

  • Egoísmo.
  • Falta de empatía. 
  • Empobrecimiento de la imaginación.
  • Materialismo y consumismo desmedidos.
  • Irritabilidad y baja tolerancia a la frustración.
  • Insatisfacción crónica y menosprecio por lo que se tiene.
  • Petición constante de objetos de todo tipo: juguetes, dispositivos electrónicos e, incluso, puede que lleguen a pedir todo tipo de objetos en general, como pueden ser los utensilios de aseo personal. También puede ocurrir con la comida.
  • En casos más graves, los niños pueden llegar a desarrollar trastorno de acumulación compulsiva, entre otros.

Medidas preventivas para el síndrome del niño hiperregalado

Para evitar el síndrome del niño hiperregalado es necesario comenzar por lo básico: medir la cantidad de obsequios materiales que damos a nuestros hijos. A su vez, será necesario invertir tiempo de calidad para jugar con ellos y enseñarles a valorar aspectos que van más allá del objeto.

Hay que promover un entorno en donde lo más importante sea el afecto. Por supuesto, también hay que dar el ejemplo y no manejar una doble moral en el hogar. De nada sirve que les digamos que hay que valorar menos los objetos si nosotros, como padres o tutores, vamos a hacer lo contrario.

Es cierto que los niños necesitan jugar y divertirse, pero su recreación no debe estar limitada a un juguete; pueden colorear o hacer manualidades, dejar volar su imaginación, compartir con amigos o familiares de su edad.

Aprende a evitar el síndrome del niño hiperregalado.

Comparte con tu hijo tiempo de ocio, con y sin juguetes, para que valore más la acción que el objeto en sí.

Recomendaciones finales

Además de pasar tiempo de calidad con los niños, es necesario hacerles ver que las cosas materiales no lo son todo en la vida. Si bien hay algunas necesarias, ninguna es el centro de nuestras vidas. Por supuesto, esto hay que enseñarlo tanto con palabras como con acciones, en diferentes momentos e incluso, de formas muy sutiles. Así, conseguiremos que el mensaje llegue.

Por otra parte, es necesario hacerles ver que hay muchos niños en el mundo que son felices incluso con mucho menos que ellos. No se trata de manipularlos, sino de acercarlos a otras realidades para que puedan realizar un contraste por sí mismos y se animen a ‘imitar’ a esos niños que saben divertirse, independientemente de las posesiones materiales.

Adicionalmente, una vez que tengan la suficiente edad para comprenderlo, hay que hacerles saber que los objetos materiales implican un costo y que, no siempre es posible obtenerlo todo. En este sentido, será necesario comenzar con los rudimentos de la educación financiera.

Si tenemos la oportunidad, es mejor que les brindemos una experiencia tanto recreativa como educativa; como un campamento o plan vacacional que una larga lista de juguetes que luego ni siquiera recordarán. Las experiencias y el contacto humano les dejarán una satisfacción mucho más grande a largo plazo.