5 hábitos que transforman tu hogar en un lugar tóxico

03 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Mara Amor López
En ocasiones, ciertos hábitos pueden convertir nuestra casa en un lugar tóxico en el que criar a nuestros hijos. Es importante tener en cuenta qué hábitos y actitudes pueden provocar esto.

Tener un hogar en el que haya un equilibrio emocional nos aporta bienestar y siempre será un lugar en el que encontraremos la paz, la calma y el apoyo que necesitamos. Sin embargo, existen hábitos que transforman tu hogar en un lugar tóxico y, por tanto, es necesario que los evitemos.

Cuando nuestra casa se convierte en un sitio tóxico, nos produce malestar y nos hace más vulnerables a las enfermedades, tanto físicas como mentales, y se convierte en un lugar del que queremos huir porque nos hace sentir mal. ¿Quieres saber qué hábitos pueden transformar tu hogar en un lugar tóxico? Sigue leyendo.

Hábitos que transforman tu hogar en un lugar tóxico

El hogar es el lugar en el que los niños aprenden sus primeros hábitos y adquieren el tipo de apego que definirá su desarrollo emocional futuro. Es por esta razón que es muy importante que nuestra casa sea un sitio en el que se sientan seguros, protegidos y amados.

Los padres debemos tener cuidado de no depositar en nuestro hogar la tensión, el estrés y las preocupaciones del día a día, que provocan, así, malestar en todos los miembros de la familia. De esta forma, sin darnos cuenta, podemos transformar nuestra casa en un lugar tóxico emocionalmente.

Pareja enfadad por una discusión, uno de los hábitos que transforman tu hogar en un lugar tóxico.

Hábitos que transforman tu hogar en un lugar tóxico: actitudes que hay que evitar

Hay ciertos hábitos y actitudes que hay que evitar tener en casa para asegurarnos que sea un lugar equilibrado y seguro para el desarrollo de nuestros hijos.

Gritos

Existen estudios que dicen que los gritos continuos pueden afectar permanentemente a la estructura del cerebro de los niños, debido a una falta de combinación entre los dos hemisferios cerebrales, lo que puede desencadenar problemas emocionales y del comportamiento a medio y largo plazo.

Cuando gritamos, los pequeños asumen que es una forma de comunicación, por lo que desarrollarán una forma de relacionarse gritando. Otras de las cosas que pueden pensar es que, como sus padres les gritan, no los quieren, porque no llegan a entender que son fruto del enfado.

¿Qué podemos hacer? Establecer una norma para todos que consistirá en no gritar. Toda la familia tiene que tener claro que, porque grite más, no va a llevar más razón que el otro. Así, estaremos fomentando la escucha activa y el diálogo asertivo.

Tensión en el hogar

Hay ciertos hogares en los que, al llegar, se nota tensión y hostilidad en el ambiente. No hay entusiasmo; las personas que viven en él nunca sonríen y siempre se relacionan de forma agresiva y actúan como si fueran enemigos unos de otros. Es por eso que un hogar con estas actitudes no nos puede aportar tranquilidad y seguridad.

¿Qué podemos hacer? Si vemos que nuestra casa se convierte en un campo de batalla, es muy importante que nos centremos en solucionar los problemas existentes entre los integrantes de la familia y no buscar culpables.

Desorganización

Se ha comprobado que el estado del espacio en el que nos encontramos va a influir en el estado de ánimo. Por esta razón, si tenemos un hogar desordenado y hecho un caos, eso, al final, producirá también una desorganización mental y causará estrés, lo que afectará a la productividad y tendremos dificultades para procesar la información.

Con desorganización no solo nos referimos al orden físico, sino también a que haya unas normas establecidas en casa que ayuden a una convivencia fluida entre todos los miembros de la familia. ¿Qué podemos hacer? Establecer unas normas para que haya un orden en casa y, así, todos sepamos qué límites no se pueden sobrepasar.

Desvalorización

Si en un hogar no se aprecia, se respeta y se valora a todos los miembros, es muy complicado que se logre un buen desarrollo de la autoestima y seguridad para afrontar la vida.

La desvalorización puede venir porque no se valoren los esfuerzos de los niños y no les demos a sus logros la atención que requieren. Muchas veces, está ocasionada por etiquetar a los pequeños de una forma negativa. Cuando esto es así, el niño acaba con la culpa de todo lo que pasa, lo que le imposibilita madurar como persona.

Mujer triste sentada en el suelo al lado de la cama.

¿Qué podemos hacer? Cada individuo es único y debemos valorarlo por eso. No podemos exigir algo para lo que no se esté preparado. Lo que tenemos que hacer es fijarnos en los puntos fuertes y débiles de cada uno, y en lo que los hace ser especiales. Todos tenemos una luz propia que nos hace únicos y debemos fomentarla, no apagarla.

Pesimismo

Todos, en algún momento, podemos pasar por un momento complicado que nos puede hacer sentir tristeza. El problema surge cuando nuestra casa se convierte en un lugar de melancolía, drama diario y de depresión de algún miembro de la familia.

Esto, sobre todo, viene de parte de aquellas personas que todo lo interpretan como algo negativo, que los domina el pesimismo y este acaba contagiando a toda la casa.

¿Qué podemos hacer? Si tomamos una actitud positiva, hará que se contagie al resto de la casa y se contrarresten las actitudes negativas de los demás. Hablar con la persona sin criticarla y explicarle que sus actitudes acaban afectando al resto de la familia.

En definitiva, a lo largo de este artículo has podido conocer los hábitos que transforman tu hogar en un lugar tóxico. Ahora es tu turno para poner solución, si es que crees que en tu casa hay algunas de estas actitudes y que están afectando al ambiente familiar.

Puedes intentar remediar cada uno de estos hábitos y corregirlos, si no lo estás haciendo bien. Siempre es tiempo de cambiar algo que puede ser perjudicial.

  • Wang, M. T. & Kenny, S. (2014) Longitudinal Links Between Fathers’ and Mothers’ Harsh Verbal Discipline and Adolescents’ Conduct Problems and Depressive Symptoms. Child Developmental; 85(3): 908–923.