Trastornos de tics en niños y adolescentes

¿Tu hijo suele realizar movimientos involuntarios, repentinos y repetitivos? Puede que sufra alguno de los trastornos de tics de los que hablamos a continuación.

Escrito y verificado por la psicóloga Ana Couñago en 18 Enero, 2021.

Última actualización: 18 Enero, 2021

Según la Sociedad Española de Neurología, los tics se puede definir como “movimientos (tics motores) o sonidos (tics fónicos o vocales) relativamente rápidos, estereotipados, intermitentes y arrítmicos”, los cuales se caracterizan por no tener una finalidad aparente. ¿Quieres saber más sobre los trastornos de tics que existen, cuáles son sus síntomas y cuál es su posible tratamiento? Presta atención a lo que exponemos a lo largo de las siguientes líneas.

Puede que estés leyendo esto porque has observado que tu hijo últimamente realiza este tipo de movimientos involuntarios y compulsivos. Si es así, no te preocupes, porque no estás sola.

Son muchas las familias que acuden al pediatra preocupadas por este tema. De hecho, se estima que entre un 4 y un 20 % de los niños antes de los 13 años tiene o ha tenido algún tic. ¡Continúa leyendo y descubre más información sobre los trastornos tics en niños y adolescentes!

Trastornos de tics en niños y adolescentes

Los niños y adolescentes que padecen un trastorno de tics tienden a manifestar el mismo conjunto de movimientos estereotipados, ya sean motores o vocales, durante un tiempo determinado, pudiendo variar en su nivel de intensidad y frecuencia.

Dependiendo de esto, según la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), estos trastornos se pueden clasificar en tres tipos:

  • Síndrome de Tourette: se manifiestan varios tics motores y uno o más tics vocales durante más de un año a partir de la aparición del primer tic.
  • Trastorno de tics motores o vocales persistentes: se presentan tics motores o vocales, pero no ambos a la vez, durante más de un año.
  • Trastorno de tics transitorios: se observan tics motores y vocales durante menos de un año.

En cualquiera de estos casos, el trastorno no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia o a otra afección médica. Además, el inicio de los tics debe darse en la infancia o adolescencia, antes de los 18 años.

Por lo general, la aparición de dichos movimientos repetitivos suele comenzar entre los 4 y los 7 años de edad, siendo común el aumento de la gravedad de los síntomas durante la pubertad, aunque, en la mayoría de las ocasiones, acaban remitiendo con el tiempo, sin llegar a manifestarse en la vida adulta.

Comorbilidad con otras patologías

Es frecuente que los niños y adolescentes que desarrollan un trastorno de tics también presenten alguna de las siguientes patologías:

  • Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA o TDAH).
  • Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).
  • Ansiedad.
  • Depresión.
  • Trastorno del aprendizaje.
  • Trastorno del espectro autista (TEA).
  • Dificultades de coordinación motora.
  • Trastorno de ansiedad por separación.
  • Trastorno de comportamiento disruptivo.

Estos trastornos, a menudo, interfieren más la calidad de vida de los menores que los propios tics.

Posible tratamiento

Cabe señalar que los trastornos de tics no suponen ningún tipo de peligro para los niños y adolescentes que los padecen. En muchos casos el tratamiento para el trastorno se basa únicamente en intervenciones psicoeducacionales en las que los pacientes y su entorno cercano (familia y escuela) reciben la información y el apoyo necesario para entender, aceptar y sobrellevar la situación de la mejor forma posible.

Con ello, se pretende reducir el estrés, la tensión y la angustia que puede generar la presencia de los tics en la vida cotidiana, así como reforzar la autoestima de estas personas.

Sin embargo, en los casos más graves, cuando la intensidad de los síntomas resulta incapacitante o conlleva importantes problemas, es conveniente acompañar dichas intervenciones con un tratamiento farmacológico apropiado, con el fin de reducir o controlar la producción de tics.

Respecto a los trastornos de tics en la infancia y en la adolescencia…

Aunque los trastornos de tics no afectan directamente a la salud de los niños y adolescentes que los padecen, sí les pueden causar mucha frustración, incomodidad e, incluso, vergüenza, al ser conscientes de su problema y sentirse diferentes al resto de sus iguales.

Por ello, si observas que tu hijo comienza a tener tics, es importante que inmediatamente pidas cita para una consulta pediátrica, de manera que tanto el menor como todas las personas que se relacionan con él puedan comprender en qué consiste el trastorno, resolver todas las dudas al respecto y, si es necesario, empezar cuanto antes el tratamiento correspondiente.

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  • Campos, C. (2010). Trastornos por tics en niños y adolescentes. Recomendaciones Farmacoterapéuticas en Salud Mental, 8, 1-16.

Graduada en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela (USC) en el año 2016. Máster en Necesidades Educativas Especiales por la Universidad de Deusto (2017) y Máster en Formación del Profesorado, con especialidad en Orientación Educativa (2020). 

Ha realizado un Curso en Atención Temprana (Confederación Española de Centros de Enseñanza, 2018) y un Curso de Aula Multisensorial en Educación Especial (Confederación Española de Centros de Enseñanza, 2019).

Ha publicado un artículo para la revista del Colegio Oficial de Psicología de Bizkaia. Es autora de un Curso e-learning sobre Atención al alumnado con altas capacidades y autora y tutora de un Curso e-learning sobre Trastorno del Espectro Autista para Educación. Ha colaborado con diversas asociaciones, centros e institutos realizando una labor psicopedagógica. Desde 2017 ejerce como psicóloga especializada en el área de la educación en diferentes centros y gabinetes de psicología.