Mitos sobre el TDAH que pueden dañar a la familia

Amanda · 18 marzo, 2016

Una familia unida puede verse afectada tan solo con que uno de sus integrantes tenga un problema. Por ejemplo un niño que sufre de TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, es un reto al cual todo el grupo debe hacer frente. Sin embargo, no siempre el problema más grande es el trastorno en sí, sino los mitos en torno a este y su implicación en la vida social de quien lo padece.

En general el TDAH se manifiesta en la infancia, pero lastimosamente un gran porcentaje de los niños que lo presentan no son diagnosticados correctamente. De igual manera, son muchas las veces que el padecimiento se trata como malcriadez, falta de atención de los padres o elementos propios de la personalidad del pequeño.

En particular, aquellos mitos derivados de la presencia del TDAH en la infancia, pueden provocar serios daños a la familia, pues el problema comienza a tratarse de manera errónea y en consecuencia nunca se supera adecuadamente.

Falsas creencias sobre el TDAH que afectan a la familia

Dejarnos llevar por falsas creencias sobre este serio problema puede provocar consecuencias no deseadas en la familia, pues nos podemos formar una idea diferente y muy equivocada sobre lo que está pasando en realidad.

En tal sentido, lo principal a tener en cuenta es que nunca está de más consultar a los expertos y tratar de sincerarnos con nosotros mismos sobre la importancia de la situación. Intervenir oportunamente puede prevenir que los síntomas del trastorno sean más complejos y que las consecuencias sean permanentes.

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Los mitos más comunes sobre el TDAH son:

1. El TDAH no existe

Muchas personas aseguran que Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad ni siquiera es un trastorno; sino que se trata de una invención de tipo comercial para apoyar el consumo de ciertos productos farmacológicos y la generación de consultas médicas en torno a esto.

No obstante, se tienen entendido que el padecimiento está documentado desde el siglo XIX y en los años siguientes, ya se había vinculado con alteraciones en el cerebro. Es una enfermedad que puede llegar a variar según sus síntomas, de acuerdo a la cultura del paciente y cuando no es tratada, es causa de la falta desarrollo profesional, propensión al consumo de drogas, pobreza y exclusión.

2. El TDAH se cura con el tiempo

No se trata de un rasgo propio de cierta edad que termina evolucionando favorablemente, es decir, no se cura en la adolescencia y a veces ni si quiera en la edad adulta. Aunque es bastante probable que los niños que sufren este trastorno mejoren en la adolescencia, existe un gran porcentaje de individuos que no lo superan.

Esta creencia errónea quizá se fundamenta en que los síntomas de este padecimiento suelen disminuir con el tiempo, llegando a ser casi imperceptibles. Esto sucede porque mientras el individuo madura, puede controlarse y canalizar sus impulsos de otra manera; además el tratamiento oportuno permite mejores probabilidades de sana convivencia.

3. No es TDAH, es malcriadez

Por lo general los síntomas del niño que sufre TDAH son imposibles de controlar por este, además representan una inquietud muy característica de la edad. Por lo tanto, muchas veces se relaciona dicho comportamiento con el resultado de una educación deficiente o de poco control por parte de los padres.

Sin embargo, los impulsos que se generan a nivel neurológico forman parte de las condiciones del trastorno, por lo cual no son voluntarias. Aunque se sabe que puede existir cierta carga genética, el TDAH no es culpa de los padres y tampoco es causa de la mala crianza.

Por otro lado, es posible que por falta de claridad en el establecimiento de reglas, la ausencia de tratamiento o haber sufrido una experiencia traumática en la familia, pueda agravar la manifestación de los síntomas.

4. El tratamiento farmacológico para el TDAH es peligroso

Una creencia generalizada es que en algunos casos el remedio puede ser peor que la enfermedad, por eso muchos padres prefieren dejar como último recurso la administración de medicamentos. En este sentido, se recurre a la terapia psicológica sin complementar con fármacos, por el temor infundado de que las medicinas son peligrosas.

Este mito implica que no sea suficiente el apoyo psicológico y familiar, lo cual puede generar cierta frustración ante la falta de evolución favorable del trastorno. Fármacos como la dopamina y la noradrenalina, ayudan a los neurotransmisores para que equilibren sus niveles, son seguros, eficaces y sus efectos nocivos son mínimos.
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5. El TDAH no afecta a las niñas

Este trastorno puede afectar tanto a niños como a niñas, solo que los síntomas son distintos en ambos casos. En este particular, los síntomas de los niños son más preocupantes, por eso son de fácil detección y requieren mayor atención.

En las niñas el padecimiento es semejante a cuadros depresivos, que muchas veces no logran afectar su rendimiento académico y en la mayoría de los casos no son diagnosticados. Mientras que en los varones, el comportamiento negativo implica la intervención sea haya diagnosticado o no la enfermedad.