Las deposiciones del recién nacido

Gladys · 14 enero, 2017

Desde el mismo momento en que nace tu bebé, te vas a dar cuenta de que cada detalle es importante: la forma en cómo respira, las horas de sueño, las veces que se alimenta, los movimientos que hace, etc. Bajo este contexto, uno de los temas que más llama la atención de los pediatras son las deposiciones del recién nacido.

Y es que, aunque no lo creas, es sorprendente las veces en que te descubrirás a ti misma inspeccionando la caquita de tu bebé en el pañal. Siempre te preocuparás por el color, el olor, la consistencia y la frecuencia con la que hace sus necesidades, hasta que conozcas un poco más cuáles son sus hábitos.

La consistencia es una característica importante de las heces de los bebés

Ahora bien, para poder identificar mejor lo que es o no normal, deberás tener en cuenta la edad de tu chiquitín. Este factor es fundamental porque las heces van cambiando a medida que van creciendo y se van alimentando de otras fuentes, además de la leche materna.

Por otro lado, cuando la madre no tiene la posibilidad de darle lactancia exclusiva o prefiere complementarla con leche de fórmula, tiene que saber que esto va a influir directamente sobre sus deposiciones. En estos casos, es fundamental darles agua para evitar cuadros de estreñimiento en el retoñito.

Deposiciones del bebé: ¿cuántas veces debería hacerlo?

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A pesar de que exista un comportamiento similar en los pequeños de la casa, no es posible pensar que todos los bebés son iguales. Así como en las personas adultas, cada organismo es único y realiza sus propios procesos de forma particular.

En este sentido, hay que destacar que no existe un número específico que determine las veces en que un chiquitín deba evacuar. En los recién nacidos, por ejemplo, es normal que hagan de una a cuatro veces al día; de hecho, algunos suelen defecar apenas comen.

La frecuencia de las deposiciones varía en cada niño

Pero ¿cómo saber si está evacuando normalmente? En niños tan chiquitos, las heces deben ser blandas y fáciles de desechar. De lo contrario, pueden presentar mucha dificultad para hacer popó y empezarán las molestias que le harán llorar.

¿Qué es el meconio?

En los primeros dos días de vida, verás cómo defeca un material de color verde oscuro o negro. Este desecho es lo que se conoce como meconio, que se produce en los intestinos del niño durante la gestación y está formada por varios elementos (bilis, secreciones, líquido amniótico, mucosidad y células de la pared intestinal).

El calostro jugará un papel importante en este momento porque ayudará a laxarlo. Cuando aparezcan estas heces en el pañal deberás alegrarte porque es la primera señal de que los intestinos de tu angelito están funcionando de manera correcta. Si esto no ocurre, consulta de inmediato con el médico.

Deposiciones del bebé con lactancia exclusiva

Después de que tus senos se llenen de la leche materna y el bebecito empiece a tomarla, verás cómo cambia el aspecto del popó:

  • En primer lugar, el color pasará de verde a amarillo intenso, parecido al de la mostaza.
  • Adicionalmente, la textura es más suave, pero en ocasiones puede presentar grumos o granos.

En estas primeras semanas, es normal que evacúe cada vez que coma; luego, su organismo irá madurando y cambiará la frecuencia notoriamente. Algunos niños pueden hacer popó tan solo una vez a la semana, pero lo importante es que sean suaves y fáciles de eliminar.

¿Cuándo no es normal?

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Mamá y papá tienen que estar muy atentos a cualquier cambio en las deposiciones, para reconocer casos de diarrea, estreñimiento, caca verde, vetas de sangre o heces muy pálidas. A cada uno de estos casos hay que prestarles suficiente atención y mantener informado al doctor.

Probablemente, la existencia de estos escenarios se deba a una razón sencilla, por ejemplo, si ves hilos de sangre en el popó puede ser producto del agrietamiento de los pezones de la madre; o si no ha logrado evacuar normalmente, quizás estés colocando mucha leche al biberón.

Ante cualquier anomalía en las heces, deberás consultar al pediatra

Sin embargo, el especialista debe investigar a fondo las posibles causas y determinar si se trata de algo patológico que deba tratarse o, simplemente, tener cuidado con ciertos hábitos.

Como madres, tenemos el reto de vigilar a cada segundo la evolución de ese ángel que nos ha dado la vida. Y, aunque es normal que sientas miedo, mantente firme y de la mano con tu pediatra.