La importancia de las visitas al oftalmólogo

Agetna 7 febrero, 2016

Las visitas al oftalmólogo deben hacerse periódicamente y, sobre todo, en los primeros meses de vida.

Este compromiso debe acrecentarse cuando en la familia existen miembros con trastornos visuales. Los antecedentes familiares, como en otros padecimientos, pueden influir en la buena salud visual de la criatura.

Existen problemas oculares que pueden ser fácilmente diagnosticados y tratados. Uno de ellos es la obstrucción del lagrimal.

Esta anomalía ocurre cuando el lagrimal se obstruye y los ojos del niño comienzan a verse llorosos y con legañas.

En la mayoría de los pacientes la obstrucción del lagrimal puede resolverse en casa con masajes oculares y colirios antibióticos.

Pero no todos los problemas oculares de un niño son tan sencillos de diagnosticar y remediar.

Por ese motivo enfatizamos en la importancia de las visitas al oftalmólogo desde edades tempranas.

Síntomas de problemas visuales en los niños

Seguramente tu hijo pequeño no puede decirte que tiene problemas con su visión.

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Tú como la mayor responsable de su salud física debes mantenerte atenta a los síntomas que revelan un trastorno visual en él.

Algunas de esas señales son:
• Ojos enrojecidos
• Lagrimeo
• Acercamiento a los libros durante la lectura, a la televisión, o a cualquier objeto que desee ver en detalle
• Dolor de cabeza
• Párpados caídos
• Picor en los ojos
• Molestias frente a la luz
• Choque constante con los objetos que están a su paso
• Pupila blanquecina

Trastornos oculares en la infancia

Es recomendable que la familia no espere a que el niño presente algún problema con la visión para llevarlo con un oftalmólogo.

Hay que tener presente lo que significa un diagnóstico temprano de cualquier padecimiento relacionado con la visión, sobre todo, teniendo en cuenta que la vista es uno de los sentidos más importantes.

Existen trastornos oculares infantiles que tu hijo puede estar presentando y ni siquiera darte cuenta de ello.

Ametropías
Disminución de la capacidad o agudeza visual. Las más comunes son la hipermetropía, miopía y astigmatismo

Cataratas congénitas
Opacidad del cristalino (parte del ojo que posibilita enfocar los elementos y ayuda a formar las imágenes sobre la retina) de origen hereditario o por una lesión producida cuando el bebé aún estaba dentro del útero

Glaucoma infantil
Aumento de la presión ocular en el niño. En la mayoría de los pacientes es de origen hereditario y, aunque es poco frecuente, se diagnostica dentro de los 3 primeros años de vida.

El estrabismo: uno de los trastornos oculares más comunes en la infancia

El estrabismo es un problema ocular que se caracteriza por la desviación de uno o ambos ojos.

Esta disfunción se nota cuando se observa la mirada del niño y los ojos no se ven paralelos.

Resulta normal que en los primeros meses de vida los ojos de los niños se tuerzan en algunas de las posiciones de la mirada.

Esto puede ocurrir hasta los 6 meses de edad sin que signifique que el infante va a padecer de estrabismo; a partir de aquí, sí puede suponer un defecto visual.

Durante los primeros años de vida el estrabismo suele corregirse con lentes de contacto, gafas o cubriendo el otro ojo; esto, según el diagnóstico.

La Ambliopía: un cerebro que no aprende a ver bien

Así como otros órganos y sistemas del cuerpo, nuestro sistema visual, al nacer, no está del todo desarrollado.

A medida que crecemos es cuando vamos alcanzando las facultades visuales con las que podremos contar durante gran parte de nuestra vida.

En este sentido es importante conocer que el niño nace con un cerebro poco desarrollado y que a partir de los estímulos que recibe y su interacción con el medio va evolucionando y estableciendo conexiones neuronales.

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Una de esas conexiones que se realizan en los primeros meses de vida es la de la visión.

Si el niño tiene falta de visión en un ojo y este problema puede corregirse tempranamente resulta imprescindible que se haga antes de que esta anomalía quede “grabada” en el cerebro de manera permanente.

La ambliopía es una disminución de la capacidad visual en uno o ambos ojos determinada por la falta de estimulación visual cuando las neuronas que se encargan de la visión se encuentran haciendo sus conexiones (sinapsis).

Esta carencia de estímulos visuales hace que el cerebro no capte con toda nitidez las imágenes, aun cuando los restantes órganos encargados de la visión se encuentren en perfecto funcionamiento.

Por eso se dice que el cerebro no aprende a ver.

La importancia de las visitas al oftalmólogo

Para concluir tenemos dos cosas que recordarte:

Número 1: Un diagnóstico precoz es una manera oportuna de ponerle freno a cualquier disfunción que pueda presentar un niño

Número 2: Garantizar la buena salud oftálmica de tu hijo debe ser una prioridad para ti.

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