Intolerancia a la fructosa

Silvia Zaragoza · 21 agosto, 2019
¿Te han diagnosticado intolerancia a la fructosa? Descubre todo lo que tienes que saber acerca de esta intolerancia y cómo llevar una vida sin demasiadas complicaciones.

Antes de empezar a explicar la intolerancia a la fructosa, es importante saber distinguirla de una alergia. Por un lado, la alergia es una reacción mediada por anticuerpos y cuyo desencadenante son las proteínas. Por otro lado, la intolerancia es la reacción del organismo por la falta de una enzima encargada de digerir los azúcares.

Intolerancia a la fructosa

Existen 2 formas: la hereditaria y la malabsorción. La primera afecta a 1 persona de cada 20.000 y se manifiesta a partir de los 6 meses al introducir los alimentos por falta de la enzima fructosa-1-fosfato aldolasa. En cambio, la malabsorción afecta a un de un 40 al 60 % de la población y suele ser secundaria a alguna patología digestiva.

También has de saber que la malabsorción puede estar asociada a la intolerancia a los polialcoholes terminados en -ol, como el sorbitol, el eritritol, el xilitol, etc., puesto que tienen una estructura muy similar.

En ambos casos, el diagnóstico se realiza mediante el test del hidrógenos espirado. Consiste en cuantificar el gas producido al ingerir 50 g de fructosa a lo largo del tiempo, y se anotan los síntomas.Niña con dolor abdominal por intolerancia a la fructosa.

Fructosa y sorbitol: qué son y dónde encontrarlos

La fructosa es el azúcar que se encuentra de manera natural en la fruta, algunas verduras y hortalizas, y en la miel. Además, suele utilizarse para endulzar otros productos alimentarios como las galletas, la bollería, el chocolate, los refrescos y otras bebidas, así como los destinados a las personas con diabetes. Unida a la glucosa, forma parte del azúcar de mesa.

El sorbitol también se encuentra en frutas, algunas verduras y hortalizas, y junto al resto de polialcoholes en los productos sin azúcares (los conocidos como zero) y los chicles. Incluso, se añade en las pastas de dientes, cremas corporales, geles de baño y cosméticos.

¿Por qué se produce la intolerancia a la fructosa?

Llegados a este punto, conviene saber que la absorción de la fructosa es dosis-dependiente, ya que la capacidad de sus transportadores hasta la célula es limitada (de 2 a 5 g). Así pues, es el mismo que utiliza el sorbitol.

Por este motivo, al no poderse unir, circula libremente hasta el intestino, donde las bacterias la fermentan. Como consecuencia, se generan gases y otros síntomas digestivos, produciendo malestar.

Sin embargo, la cuestión es: ¿por qué ocurre? La gran mayoría de casos se producen por una alteración en la permeabilidad de la pared intestinal y de la microbiota. Indirectamente, la alteración es producida por el estrés, la mala alimentación y el déficit de vitamina D que está implicada en la tolerancia a los alimentos.

Síntomas de la intolerancia a la fructosa

Principalmente, los síntomas son digestivos (náuseas, vómitos, diarrea o estreñimiento, gases, hinchazón abdominal y malestar). Aunque también puede producir fiebre, dolor de cabeza, cansancio, depresión, irregularidades menstruales, dolor muscular, picor en la piel, pérdida de peso, llagas y úlceras en la lengua.

En caso de que fuera de nacimiento, los síntomas son deshidratación, somnolencia, hipoglucemia, fallo renal y cerebral e, incluso, disfunción hepática.Niña con dolor abdominal por intolerancia a la fructosa.

Tratamiento dietético

Si hablamos de una intolerancia hereditaria, has de evitar la fructosa de por vida y suplementarte con vitamina C. En cambio, si tienes malabsorción, has de llevar una dieta muy baja en fructosa (2-3 g/día). Es fundamental que vayas valorando la tolerancia a los alimentos restringidos.

Asimismo, es necesario que evites también los fructanos. Es una cadena muy larga de fructosa que se encuentra en el ajo, la cebolla, las alcachofas, los espárragos y las crucíferas (col, coliflor, brócoli, coles de Bruselas, etc.). Incluso, posiblemente las legumbres, especialmente los garbanzos y las alubias, pueden sentarte mal. Sin embargo, puedes probarlas sin piel y trituradas.

Para terminar, es importante que acudas a un dietista o dietista-nutricionista para que te asesore acerca de la dieta a seguir valorando tu evolución. Incluso, puede ayudarte a restablecer la microbiota y resolver la intolerancia en caso de que sea momentánea.