¡El idioma que mejor entiende tu hijo tú ya lo sabes!

Marcela · 21 octubre, 2015

 

 

El idioma que mejor entiende tu hijo, lo tienes aprendido por la crianza que has recibido, incluso desde generaciones anteriores a la de tus padres: no importa si son aquellas cosas que te han transmitido o si son aquellos puntos más difíciles y que no quieres retransmitir en la crianza de tus hijos.

El exceso de información o ¿qué idioma elegimos hablar con ellos?

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Todos nos hemos preguntado – principalmente en la actualidad, en que somos bombardeados con información de todos los tipos de cómo debemos criar a nuestros hijos – una y  otra vez qué debemos hacer para entender a nuestros hijos y como “adivinar” lo que nos intentan comunicar, sea cuando aún no hablan o cuando ya dominan el don de tal manera que hasta nos dicen las cosas a través de metáforas.

Las respuestas que solemos encontrar pueden variar desde consejos que nos recomiendan ser cariñosos con nuestros hijos, o amarlos incondicionalmente, hasta cosas muy concretas como, por ejemplo, una autora que nos aconseja a no decir “NO”, ya que, según ella, los niños sólo entienden el verbo (la acción) en la frase y por eso hacen lo contrario.

¿Verdad que aunque hayamos leído de todo al respecto de cómo educar a nuestros hijos acabamos siempre saliéndonos con la nuestra?Y la pregunta es: ¿Hay otra forma de relacionarnos con nuestros hijos que no sea esta? ¿La nuestra?

Puede que acabemos por aplicar una u otra técnica o consejo, lo que, muchas veces puede acabar por complicarnos aún mas la vida. No obstante, por suerte, se nos hace muy difícil mantener en pie ciertas pautas.

Una amiga me contaba que empezó a aplicar el método Estivill para intentar hacer que su hijo durmiera, pero no pudo concluirlo, ya que no soportaba dejar a su hijo llorando.

Creo que todos ya escuchamos en qué consiste esta técnica. Hay que dejar al niño solo en la habitación, durante tiempos calculados, y entre estos tiempos entrar a decir algo que dé tranquilidad al niño tal como: ¡No te preocupes que mamá está aquí¡ Pero jamás cogerle en brazos, porque tiene que aprender a dormir solo.

Es normal que mi amiga no haya podido, los bebés no tienen la capacidad de hacer asunciones lógicas del tipo: Mamá está en la puerta, LUEGO no tengo que preocuparme. Lo que suele pasar es que cuando escuchan la voz de mamá lloran aún más y renuevan el sentimiento de que nadie viene a por ellos.

Procurar saber cuándo y qué pueden hacer bebés o niños, nos plantea las infinitas preguntas sobre los tiempos en la crianza: cuándo permitir, cuándo prohibir, cuándo destetar, cuándo sacar el pañal, cuando dormir solo, etc.

¿Qué hacer con la información?

Claro que hay informaciones interesantes y unas pautas que nos pueden ayudar. Al final tampoco queremos criar un prejuicio contra la lectura. Vivimos en el mundo de la información y nuestra curiosidad nos conduce hacia ello de manera casi involuntaria. La cuestión es: ¿Qué hacer con ello o cómo no dejar que nos borre nuestra forma de relacionarnos con nuestros hijos?

Una vez comentaba con una amiga sobre otra que tenía al hijo enfermo por más de una semana y la primera me hizo varias preguntas sobre el niño: lactancia, vacunas, etc. Ella encontró algunas explicaciones contradictorias y dijo: “Seguro que tu amiga es de esas madres que leen mucho”. Me pareció muy curiosa esta afirmación.

Una ocasión estaba en casa de otra amiga que me contó haber leído que a la hora de dormir no se deben balancear a los niños en brazos que los  hace más nerviosos y que por eso ella solo lo hacía a la hora de dormir mientras le cantaba una canción.

Aquel mismo día por la noche intenté tener a mi hijo en brazos sin balancearlo, pero para mí,  que prácticamente me habían dormido toda la vida, cuando niña, en balancines y hamacas (donde nos balanceaban), aquello me parecía tan antinatural que me era imposible. Y además en el caso de mi hijo, el movimiento era lo que justamente le ayudaba a dormir.

Este es el idioma al cual me refiero y el cual nuestros hijos mejor entienden. Algo que me sale naturalmente porque sencillamente es así o porque forma parte de mi historia. Son cosas muy personales, las cuales los autores deberían incluso abstenerse de opinar, ¿no creéis?

Utiliza el autoconocimiento

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Sobre lo que puede influenciar en la salud de mi hijo, principalmente su salud anímica o mental, la información puede tener una función importante, siempre y cuando esta me toca a nivel inconsciente.

Puede que yo haya sido educada llevando palmadas de mis padres de vez en cuando y que eso me salga por inercia cuando mi hijo está en medio a una pataleta. Si no quiero continuar haciéndolo, tengo que buscar un nuevo recurso que me ayude a cambiar mi forma de actuar.  Puede ser difícil conseguirlo, pero si algo me toca inconscientemente, el cambio en mi actitud puede ser más natural.

Aunque nos pueda costar mucho no repetir ciertos patrones, buscar ideas a través de la lectura, compartir con otras madres, buscar terapia, etc., son todas formas válidas y muy efectivas para cambiar aquellos comportamientos que recibí en mi crianza y que no deseo pasarlos adelante.

Así que saber utilizar la información o buscar que el autoconocimiento te ayude en la crianza de tu hijo es justamente dar voz a este idioma que tú ya sabes. Lo que es bastante diferente de la actitud racional y destacada de nuestro contexto personal de aplicar técnicas para conseguir de nuestros hijos los comportamientos deseados por nosotros, los padres; algo cada vez más común en nuestra sociedad, la cual a su vez reserva un espacio cada vez más pequeño a la infancia.