Ha nacido una madre

Raquel Aldana · 1 noviembre, 2015

Llegó el tan ansiado momento. Ya está aquí esa mujer poderosa, ya está aquí ese vínculo eterno, esa gran complicidad. Ha nacido una madre y, con ella, el afán de coleccionar amor, motivos y experiencias.

Tan pronto como llegues a casa con tu bebé te encontrarás con un montón de tareas básicas que requieren de habilidad maternal para llevarlas a cabo. Este será tu primer encuentro con tu nueva responsabilidad y supondrá gran parte del nacimiento psicológico de tu nueva identidad.

Así, en cuanto empieces a dar respuesta a esto se podrá decir que ha nacido la madre que hay en ti. Pero, ¿qué es lo que tienes que hacer? Hay tantas cosas que probablemente te vuelvas locas pensando por dónde empezar.

En primer lugar y como es obvio, tienes que mantener a tu bebé vivo y a salvo… Esto que parece tan básico despertará en ti muchos miedos que tendrás que ir trabajando.

Nacimiento de una madre

 

Nuestros primeros días como mamás

El hecho de vigilar que los acontecimientos se desarrollen con normalidad se constituye como uno de los sentimientos más naturales y primigenios en la madre. De repente se despierta con gran ternura la consciencia de que esa pequeña vida depende de nosotras y de que, asimismo, tendremos que conducirle en su recorrido.

Como es natural, a partir de esta preocupación tan básica nacen otras muchas que inundarán nuestros días. Por eso, en los instantes en los que nace una madre también lo hace una mujer que con sus miedos, su cansancio y sus actos cotidianos de protección cuida a su bebé por encima de todo.

Así que a la categoría de madre se une la de guardiana, amiga, abogada, cómplice y protectora. Este momento tan intenso en el que nos damos cuenta de aquello en lo que nos hemos convertido es algo muy personal.

De hecho, suele ser un sentimiento que se presenta en nuestra conciencia de manera súbita en cualquier lugar y en cualquier momento (esta conexión puede ocurrir en el hospital, en casa o una semana después mientras paseamos por la calle).

 

El deseo irrefrenable del cuidado de nuestro bebé

Ese impactante sentimiento de conexión con nuestra madre cuidadora interior puedee presentarse mientras cogemos a nuestro bebé en brazos y sentimos lo pequeño y vulnerable que es, mientras lo sentimos en nuestro pecho amamantándose o cuando lo contemplamos mientras duerme.

En ese momento sentimos que nuestro mundo y nuestra vida han cambiado por completo y que desde entonces nuestro corazón estará fuera de nuestro cuerpo por siempre…

Asimismo, al nacer como madres lo hacen a su vez numerosas preocupaciones. Por ejemplo, una preocupación universal es que nuestro bebé respire correctamente.

Aunque bromeemos con esto, el impulso que nos lleva a comprobar que nuestro hijo está bien es intenso y poderoso. De hecho, si no se le hace caso puede derivar en una fuerte crisis de ansiedad.

Del mismo modo tendremos miedo a que nuestro bebé se encuentre mal por no recibir las atenciones que necesita. Estas preocupaciones por suerte se alivian con el tiempo, aunque en realidad nunca desaparecen del todo.

Simplemente, una madre de un niño de dos años se preocupará por los enchufes, mientras que la de un preadolescente se angustiará pensando en secuestradores o accidentes de tráfico.

Mano de una madre con su bebe

Hacer que el bebé crezca y se desarrolle

Madre e hijo van desarrollándose juntos y, con ellos, las tareas van cambiando. Así que un segundo grupo de preocupaciones está encaminado a hacer que el bebé crezca y se desarrolle.

Así es que en este sentido no debe sorprendernos que decisiones como si darle el pecho o el biberón se conviertan en cuestiones muy cargadas de emoción.

Del mismo modo nos asaltarán dudas sobre si nuestro niño está grande o por el contrario demasiado pequeño, en qué percentil de desarrollo se encuentra, si explora o no, etc.

Así que lo que para otras personas puede ser algo trivial, para nosotras es todo un debate interno que suele estar repleto de reproches sobre nuestras aptitudes como madre.

Por eso cuando nacemos como madres nacen con nosotras miles de inseguridades, certezas y preocupaciones extra. Algo que a veces es complicado tolerar, pero que con el tiempo conseguimos manejar a la perfección.

Pero así es como lo vivieron nuestras madres, así es como criamos unos preciosos niños y así es como las futuras madres seguirán cuidando de sus retoños. Porque incluso las dudas y los miedos tienen sentido cuando hablamos de maternidad…