5 estrategias para manejar la agresividad en los niños

La actividad física es una buena forma de ayudar a los niños a descargar la energía y mejorar el manejo de la agresividad. Te contamos otras estrategias útiles.
5 estrategias para manejar la agresividad en los niños
Maria Fátima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fátima Seppi Vinuales.

Última actualización: 27 mayo, 2022

Patear, insultar, morder, gritar o arrojar juguetes son algunas de las múltiples formas en las que se manifiesta la agresividad en los niños. Esta situación es frecuente y requiere de un abordaje doble: comprender qué le sucede a ese pequeño y acompañarlo a identificar y a gestionar sanamente sus emociones.

Sabemos que en la práctica lograr este objetivo es bastante más difícil de lo que se cree, por eso vamos a compartirte algunas estrategias útiles para esos momentos de tensión. ¡No te lo pierdas!



¿A qué se debe la agresividad en los niños?

Para este tipo de preguntas, jamás encontraremos una respuesta única. Más bien, lo adecuado es intentar comprender la situación en toda su complejidad y a la luz de ese niño en particular. Es decir, teniendo en cuenta su personalidad, su contexto y su historia. Además, es fundamental evitar catalogar al niño, hacer análisis o diagnósticos a la ligera o colocarle etiquetas dañinas.

Otro aspecto importante a considerar es que el cerebro todavía no está completamente maduro en la infancia y adquiere nuevas habilidades progresivamente.

Para decirlo de un modo sencillo, al principio los niños “son pura emoción”, pues domina su conducta el cerebro inferior. Con el tiempo, se consolida el cerebro superior y a partir de ese momento se vuelven capaces de integrar las experiencias y dar respuestas más adecuadas a los estímulos.

Mientras tanto, es ilógico pretender que un pequeño reaccione como un adulto y debemos comprender la importancia que tiene nuestro acompañamiento en el desarrollo de sus habilidades.

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El enojo es una emoción válida y es necesario experimentarla desde edades tempranas para poder gestionarla sanamente. Por el contrario, la agresividad es una de las consecuencias de la dificultar para el manejo adecuado de las emociones.



5 estrategias para manejar la agresividad en los niños

Más allá de la técnica de crianza que decidamos implementar con tus hijos, la gestión de las emociones es un capítulo clave y una herramienta fundamental para sus vidas.

Si acompañamos a los niños para que sean capaces de entender qué les pasa, por qué les pasa y qué pueden hacer para cambiar esa situación, lograrán el bienestar emocional que deseamos que alcancen.

Entérate cuáles son las estrategias para manejar la agresividad en los niños a continuación.

1. Emplea la técnica del semáforo

Si bien tiene variantes, la técnica del semáforo es una herramienta muy útil para orientar la conducta de los niños y que obtengan un aprendizaje a partir de sus acciones.

Dibujen y pinten juntos un semáforo grande, para poder colocarlo o pegarlo sobre una pared. Una vez que esté listo, indícale al tu hijo que señale cuáles son las situaciones que lo fastidian, lo frustran y lo enojan. Pueden dialogarlas o pueden escribirlas en papeles y luego deben pegarlas junto al color rojo.

A continuación, pídele que te describa aquellas situaciones que lo incomodan o que lo desconciertan. Repiten el paso anterior, pero esta vez ubiquen los carteles en el color amarillo.

Por último, pregúntale cuáles son aquellas situaciones que lo alegran, que le agradan y que lo hacen sentir bien. En este caso, colócalas en el color verde.

Una vez hecho todo esto, ayúdale a tu hijo a pensar de qué manera se podrían resolver las situaciones difíciles y cuáles serían las mejores conductas para lograrlo, sin lastimar a nadie.

2. Enséñales a relajarse y a respirar

Dale a tu hijo algunas instrucciones para que tome aire y se infle como globo. Luego, que se desinfle y se vuelva a inflar. También, puedes indicarle que cierre los puños y que haga mucha fuerza en ellos, para luego aflojarlos poco a poco y sentir las manos livianas como un papel.

De ambas manera, ayudarás al infante a respirar y a relajarse y así, contribuirás a reducir la agresividad.

3. Usa la música como un modo de distracción durante el conflicto

De esta manera, puedes lograr regular las emociones. Sin embargo, luego es necesario reflexionar acerca de lo acontecido y tratar de identificar qué lo llevó a actuar de esa manera. Esto facilitará el proceso de comprensión de los sentimientos.

4. Propón algunas actividades artísticas

Una de las consignas que también se emplean para trabajar la agresividad es la de dibujar las emociones. Así, cuando alguien luce enojado, puede tener los pelos crispados, los dientes apretados y tener la cara toda roja.

Esta es también una forma de desactivar el conflicto y de ayudar a los niños a reflexionar acerca de cómo se ven (y qué ven los demás) en esos momentos de tensión. Por supuesto, es importante acompañarlos durante el análisis de la situación y el aprendizaje.

5. Promueve el ejercicio físico

La actividad física es una forma de liberar energía y tensiones, de producir las hormonas de la felicidad y lograr el mayor bienestar.

Niños jugando al fútbol.
El deporte es una actividad que ofrece múltiples beneficios para la salud física y emocional. Además, es un logar en donde canalizar las energías y relajar cuerpo y mente de las tensiones del día.

Algunas recomendaciones adicionales

Otra manera de ayudar a los niños a hablar de sus emociones es socializar y compartir las nuestras. Pueden sentirse identificados con ellas y motivarse para preguntarnos más cosas que les sirvan de experiencia. Además, aprender a ponerle un nombre al modo en el que nos sentimos también nos ayuda a relajarnos.

Por otro lado, no hay que esperar a que la agresión suceda: hay que intervenir antes. Es decir, si podemos anticipar un conflicto, es importante hacerlo.

Por último, es fundamental que los adultos seamos buenos modelos de referencia. Somos la principal fuente de aprendizaje de los niños y si nos ven desbordados, pensarán que esa es la manera adecuada de actuar. Busquemos mantener la calma ante las situaciones adversas y evitemos actuar de manera agresiva, ya sea con gritos o con otro tipo de violencia.

El enojo no es lo mismo que la agresividad

El enojo es parte de nuestro abanico emocional y debemos permitir que aflore. De hecho, es necesario que los niños tengan experiencias variadas para aprender a reconocer qué es lo que les gusta, qué no, cómo se sienten y en qué momentos se sienten bien o mal.

Sin embargo, es importante diferenciar la ira o el enojo de la agresión y la violencia. Estas últimas deben ser entendidas como una dificultad para gestionar las emociones y deben ser reorientadas. Es necesario intervenir de modo temprano para aportarle a los pequeños los recursos necesarios para que puedan encontrar soluciones alternativas a sus problemas.

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