5 errores de disciplina que cometen los padres

La disciplina es parte fundamental de la crianza, pero esta no consiste en imponerse o exigir obediencia. Descubre algunos errores que te llevan a obtener resultados contraproducentes al educar.
5 errores de disciplina que cometen los padres
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín.

Última actualización: 28 noviembre, 2022

La disciplina es una parte fundamental de la crianza, ya que prepara a los niños para enfrentarse al mundo. Las normas, los límites y las consecuencias hacen de los menores unas personas responsables, perseverantes y desenvueltas. Sin embargo, no hay una sola forma de aplicar estas directrices. Por ello, muchos padres, sin saberlo, cometen ciertos errores de disciplina que traen resultados indeseados.

No es sencillo equilibrar el amor y la autoridad o la flexibilidad y la firmeza. Esto es algo que todos los progenitores saben a la perfección. Y es que por muy positivas que sean nuestras intenciones, podemos caer fácilmente en excesos o en carencias a la hora de educar. No se trata de buscar la perfección, pero sí queremos mostrarte algunas actitudes que es preferible evitar en la educación de los hijos.

¿Qué es la disciplina?

La palabra disciplina hace referencia a un conjunto de reglas impuestas para mantener el orden y cuyo cumplimiento constante deriva en unos ciertos resultados. Así, podemos deducir que el objetivo de la disciplina en la crianza no es otro que guiar y ayudar a nuestros hijos a aprender a desenvolverse en el mundo.

No se trata de establecer una lucha de poder y de exigirles obediencia o sumisión. Se trata de marcarles el camino que todavía no conocen debido a su corta edad, a su inmadurez y a su falta de experiencia. Los padres han de ser orientadores, no dictadores. Entonces, su fin último siempre debe ser ayudar al niño a convertirse en un ser autónomo y capaz, en lugar de un autómata que solo obedece órdenes.

Es de esta confusión terminológica de donde surgen las principales dificultades. Y es que muchos progenitores consideran que impartir disciplina implica ser autoritarios, rígidos o agresivos. Nada más lejos de la realidad. Es totalmente posible educar con límites, pero con amor y respeto. Y, para ello, es importante evitar los errores de disciplina que te contamos a continuación.

Errores de disciplina que se deben evitar en la crianza

Las siguientes son algunas actitudes y conductas educativas erróneas. Estas son frecuentemente confundidas con la disciplina, pero conducen a resultados negativos y son contraproducentes. Tenlas en cuenta para no seguir implementándolas.

Al educar en negativo, lo que logramos es transmitirle al niño que todo lo hace mal. En consecuencia, esto lo hace sentir limitado y, paradójicamente, insensibilizarle ante nuestras directrices.

Educar en negativo

“No dejes los juguetes en el suelo”, “no grites”, “deja de hacer eso”, “no te manches”. ¿Cuántas veces al día dices la palabra “no”? ¿Cuántos mensajes negativos le envías a tu hijo? Esta es una costumbre muy arraigada en muchos padres, ya que consideran que es el modo más efectivo, o el único, de corregir la conducta infantil. Si le decimos “no” a todo, el pequeño dejará de reaccionar a esta palabra.

Por ello, resulta conveniente tratar de redirigir su comportamiento con mensajes positivos que propongan una acción en lugar de rechazarla. Por ejemplo, en lugar de decir “no toques todo con las manos sucias”, podemos pedir “límpiate las manos después de comer”.

Dar instrucciones vagas o ambiguas

Ofrecer instrucciones en positivo es mucho más favorable, pero resulta fundamental que estas sean claras y concisas. El niño tiene que saber qué se espera de él para poder cumplirlo. Para ello, lo mejor es utilizar frases concretas y específicas en cada situación.

“Pórtate bien” o “sé educado” son afirmaciones que aportan poca información. Entonces, es mejor sustituirlas por “espera a que los demás terminen de hablar para intervenir”, “habla un poco más bajito” o “acuérdate de decir gracias”.

Además, cada norma, límite o petición debe ser razonada con el niño. El “porque lo digo yo” no es suficiente y no es válido. Explícale a tu hijo por qué un comportamiento es positivo y otro indeseable, por qué le pides actuar de una determinada forma o le restringes ciertas conductas. La comprensión ayudará enormemente a que se comprometa en el cumplimiento de esas directrices.

Tener arrebatos emocionales

Cuando estamos secuestrados por emociones de ira, rabia, frustración o desesperación, no podemos educar. La educación ha de ser calmada, respetuosa y deliberada. De lo contrario, actuamos por impulsos y no por convicción. Es comprensible que tus hijos te hagan perder los nervios en múltiples ocasiones, pero es necesario que aprendas a calmarte y a autorregularte antes de dirigirte a ellos.

Si respondes inmediatamente, puede que caigas en el error de gritarles, insultarles, amenazarles o pronunciar palabras que pueden causarles un gran daño emocional. Además, no estarás en una buena disposición para enseñar nada. Cálmate y, entonces, aplica las consecuencias que realmente consideres útiles y necesarias.

Castigar

Castigar a un niño solo consigue que este aprenda a obedecer por miedo a las consecuencias, pero no logra que interiorice valores ni aprendizajes.

Los castigos son una práctica educativa que puede resultar efectiva en el corto plazo, pero a la larga resultan muy perjudiciales. En cambio, resulta preferible aplicar consecuencias los más naturales posibles.

Es decir, si un niño derrama un vaso de leche, lo lógico es que lo limpie y lo recoja. Si rompe un juguete a su hermano, que se disculpe, trate de arreglarlo o le ofrezca otro en compensación. En ninguno de los casos hay que castigarlo. Por ejemplo, no permitirle ver la televisión no ofrecería ningún tipo de aprendizaje útil.

Etiquetar y comparar

Por último, es importante que evites etiquetar a tu hijo o realizar comparaciones para tratar de corregirlo. Sin duda, es necesario señalar los comportamientos inadecuados, pero esto es muy diferente de atacar directamente al niño como persona. Por ello, opta siempre por decir “esto que has hecho no está bien”, en lugar de afirmar “eres malo”.

Por otro lado, no busques compararlo con sus hermanos, sus primos o sus compañeros. Esto no solo no le motivará a mejorar, sino que le hará sentir rechazado y humillado. Cada niño es diferente y debe centrarse en su propio proceso. No se trata de ser mejor que nadie, sino de mejorar uno mismo cada día.

Aplica la crianza positiva para evitar los errores de disciplina

Con todo lo anterior no te invitamos a ser permisivo o indulgente, sino a criar con amor, con respeto y con propósito. Es decir, a aplicar la disciplina positiva. Para ello, establece normas claras y concretas, explícalas y aplica consecuencias coherentes. Recuerda que no se trata de imponerse o de lograr una obediencia ciega, sino de transmitir valores y enseñanzas prácticas que acompañarán a tus hijos durante toda su vida.

Evitar estos errores de disciplina puede ser complicado al principio si ya se han convertido en un hábito. No obstante, una vez que comiences a educar en positivo verás que los buenos resultados no se hacen esperar. Tus niños crecerán felices, emocionalmente sanos y capaces de actuar con autonomía. Este es el mejor legado que puedes darles.

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