El síndrome de la mala madre

Adrianazul · 23 diciembre, 2016

Los tiempos cambian y los conceptos también, aunque no con la celeridad que a veces deseamos. Las mujeres hemos dado pasos de gigantes, pasamos de ser la mujer florero, esa a la que solo se le permitía dar su opinión sobre algún tema si algún hombre se la pedía, a ser presidentas de naciones. No obstante todavía existen quienes se atreven a tildar a una mujer trabajadora  de mala madre.

Y eso nos encanta. En realidad a todos los seres humanos nos encanta ser independientes en el aspecto económico y emocional, además de cultivar nuestro intelecto y nuestro espíritu, pero la historia ha demostrado que para las mujeres conseguir ese estatus ha significado una larga conquista.

Hoy en día es fácil olvidar que antes las universidades, ni las fábricas, ni los cargos de ejecutivas eran para nosotras, no obstante y felizmente los tiempos han cambiado.

En muchas sociedades quedaron atrás los comentarios despectivos hacia las mujeres que salen todos los días de casa a ganarse el pan para llevarlo a casa, incluso ya se han flexibilizado los conceptos sobre quién sostiene la casa, pues hoy en día sobran las mujeres que ganan más que sus parejas y también sobran los hombres que prefieren quedarse en casa a ocuparse de los quehaceres y cuidar del bebé.

Los tiempos cambian y los roles también

La cuestión está en que aunque las mujeres nos estamos desempeñando cada vez más y mejor en diferentes ámbitos que antes solo eran ocupadas por los hombres, aún nos ocupamos de bastantes tareas en el hogar y, sobre todo, lo seguimos dando todo por nuestros hijos, aunque eso signifique llegar del trabajo a cocinar y a ayudar a los niños a terminar sus tareas escolares.

Toda esa rutina a veces tan extenuante nos hace sentir que llevamos mucho peso sobre nuestros hombros, porque ciertamente no les dedicamos a nuestros hijos tanto tiempo como quisiéramos porque es necesario que nos ocupemos de otras cosas. Aunque en el fondo no quisiéramos más que estar todo el día con ellos atendiéndolos, amándolos.

Pero el hecho de que no estemos las 24 horas del día y los siete días a la semana en casa, atendiendo los quehaceres del hogar y al bebé no quiere decir que nuestro amor de madre no sea incondicional; ahora más que nunca somos una especie de mujeres orquesta, y ya saben la fama que tenemos las mujeres de poder cumplir con diferentes tareas a la vez.

Es solo que el listón para alcanzar el “éxito” parece que cada vez está más alto. Para ser exitosa –según los cánones de la sociedad- una mujer debe alcanzar independencia a nivel emocional y económico, tener a su lado a un hombre que valore sus esfuerzos y trabajo, que la acepte tal cual es, que sea cariñoso y compasivo y que sepa compartir con ella las tareas domésticas y la educación de los hijos, pero sobre todo debe ser una buena madre.

Y ahí es donde está el meollo de este asunto que los psicólogos han calificado como el síndrome de la mala madre. Y para desmarañarlo hace falta desmitificar de la manera más objetiva posible ¿qué es ser una buena madre?

Mother kissing sleeping son

El concepto de una buena madre

Muchas veces este concepto tiene inmerso un amor desmedido e incondicional, uno que jamás le va a fallar a sus hijos y que solo puede dar una mujer que es capaz a renunciar a todo con tal de que su bebé –sea cual sea la edad que tenga – esté bien. Una buena madre también es aquella que espera con paciencia, la que siempre tiene una palabra de aliento para animar a la familia y la que además presta su hombro para que sus hijos lloren cuando lo necesiten.

Lo único peligroso de este concepto es la renuncia incondicional a todo lo que diste siquiera cinco centímetros de la abnegación, sobre todo porque esta postura está mucho más relacionada a la época en la que las mujeres eran educadas para no albergar ninguna otra ambición que ser buenas esposas y madres.

Su misión, que no era poca, se circunscribía a ser educadoras y transmisoras de valores, pues en esencia se “dedicaban a cuidar y organizar el hogar, coser, hacer coletas, quitar piojos, guisar, limpiar o dirigir a la que limpiaba en casa. Había excepciones, por supuesto, como Marie Curie, física, matemática, química, madre de dos hijas y galardonada con dos premios Nobel, pero no era la regla general”, explica un artículo publicado en El País de España, dedicado a explicar el Síndrome de la mala madre.

No obstante, esa época pasó. Y ahora es difícil dedicarse al hogar con la misma abnegación con la que lo hacían las mujeres de entonces y además ser unas excelentes profesionales, aunque ciertamente muchas mujeres cumplen con todas esas exigencias y a veces las rebasan.

Sin embargo, sobran las mujeres que aunque se esfuerzan por dar el 100% en todos los ámbitos de su vida sienten que no alcanzan a satisfacer todas las expectativas y obligaciones que la sociedad les impone. Y la verdad es que todos esos cánones marcados por la sociedad muchas veces resultan imposibles de cumplir y el hecho de que no alcances a cabalidad ese ideal no tiene nada que ver con que seas buena o mala madre.

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Ser feliz no te convierte en una mala madre

Uno de los secretos para derribar este tipo de sentimientos negativos es dejar de calificar la valía de tu rol como madre en función del tiempo que le dedicas a tu hijo, pues lo importante es valorar la calidad de las relaciones que fomentas con él, lo fundamental es estar cuando él te necesite, no las 24 horas del día.

Lo ideal, no solo para calificar como “una buena madre” sino para ser feliz es conseguir equilibrar la cantidad de tiempo que le inviertes a cada aspecto de tu vida. Trata de compaginar la cantidad de tiempo y de energía que le inviertes a tu pareja, a tu trabajo, a tu vida social, el tiempo que te dedicas a ti misma y tu hijo. Así serás mucho más feliz que si te dedicas sacrificadamente a criar a tus hijos, mientras te niegas la posibilidad de crecer y de disfrutar como mujer y como profesional. Sobran los ejemplos de mujeres que aunque se consagraron de manera exclusiva a atender a su esposo y a sus hijos no consiguieron ser muy felices.

Y aunque no hay fórmulas perfectas para ser las madres perfectas y mucho menos para ser felices, pues cada concepto debe ser construido de manera individual, algunos especialistas en gestión de emociones nos dan algunos tips para alcanzar ese ideal de buena madre sin que ello signifique negarte como mujer o como profesional.

madre hablando con su hijo a los ojos

Aquí te dejamos algunos consejos extraídos de un artículo publicado en el diario El País:

Protege a tus hijos con consejos, con argumentos, guiando, educando en valores, delimitándoles el bien del mal. Pero deje que ellos tomen decisiones, se caigan y se levanten. No los sobreprotejas. No eres mejor madre por quitarles los peligros del medio. Los baches van a estar siempre ahí, estés con ellos o no. No les puedes quitar la piedra, solo tienes que enseñarles a torear con ella. No te sientas responsable de sus fracasos. Tienen que equivocarse, tomar decisiones y lidiar con la frustración.

No trates de compensar el tiempo que no puede pasar con ellos comprándoles cosas. No hay nada que compensar. Trabajar y tener aficiones forma parte de la plenitud de una persona, y tú Eres Mamá y también una persona. Trata solo de estar presente cuando dediques tiempo a sus hijos. Eso significa comunicación, escuchar, no coger el móvil mientras está jugando, comiendo o viendo una película con ellos. Tiene que ver con disfrutar plenamente lo que en ese momento estás viviendo con ellos.

Haz respetar su tiempo. No eres una mala madre por tener un tiempo para ti. Utilizar el cuarto de baño sola y con pestillo, leer un rato sin que te interrumpan con voces desde otra habitación, practicar tu deporte o mantener una conversación privada con quien desee sin tener a su hijo persiguiéndola por la casa.

Si educamos a los hijos estando siempre disponibles cada vez que nos busquen, entenderán que ellos merecen siempre nuestra atención y sus necesidades se convertirán en exigencias. Incúlcales la paciencia, saber esperar, que existen otras personas que también demandan nuestra atención.