El herpes zóster en niños

Este artículo fue redactado y avalado por la farmacéutica Sara Viruega Encinas
25 junio, 2019
El herpes zóster afecta a entre un 10 y un 30 % de la población. Su incidencia se incrementa por la edad, pero en las últimas décadas se está viendo un aumento de frecuencia también en niños inmunocompetentes.

El herpes zóster puede aparecer en cualquier momento de la vida, aunque su incidencia y su gravedad se incrementan con la edad. La incidencia anual en niños sanos es de 0,74 casos por cada 1.000 menores de 9 años, y de 1,38 casos por cada 1.000 niños entre 10 y 19 años.

Los principales factores de riesgo de padecer herpes zóster en la infancia son:

  • La varicela materna en el segundo trimestre de embarazo.
  • La varicela durante el primer año de vida.

Veamos qué es el herpes zóster y por qué se produce, así como las consecuencias que puede tener en los niños que lo sufren.

¿Qué es el herpes zóster?

El herpes zóster es una patología poco frecuente y, generalmente, de curso benigno. En niños no suele presentar complicaciones, algo que sí ocurre en los adultos. Los niños inmunodeprimidos suelen manifestar una enfermedad más grave, similar a la de los adultos.

Está causado por el virus varicela zóster (VVZ), el cual provoca dos enfermedades en los humanos. La primera es la varicela, que es la infección primaria. Tras la recuperación, el virus queda latente en la médula espinal y puede reactivarse provocando, en este caso, el herpes zóster.El herpes zóster en niños.

Por tanto, el herpes zóster es la expresión clínica de la reactivación del virus de la varicela. Así como la varicela es muy contagiosa, no ocurre lo mismo con el herpes zóster. Es mucho menos contagioso y solo se transmite a partir del contacto directo con las lesiones cutáneas.

Síntomas del herpes zóster en niños

Cuando el virus de la varicela, que permanecía latente en las células ganglionares de la médula espinal, se reactiva, comienza a diseminarse a lo largo del tracto nervioso. En ese momento es cuando se produce el herpes zóster.

Los primeros síntomas que aparecen son dolor o prurito, seguido o acompañado de una erupción, con eritema, vesículas, pústulas y costras que se desprenden en dos o tres semanas. Generalmente, se acompaña de otros síntomas como fiebre o malestar general.

En casos más graves también puede ocasionar trastornos de la vista, del gusto, del equilibrio o de la audición. Esto ocurre cuando se ven afectados los pares craneales. Las complicaciones más frecuentes son:

  • Herpes zóster ótico. Se manifiesta como una erupción vesiculosa en el pabellón auricular y en los alrededores, seguida de una parálisis facial.
  • Herpes zóster oftálmico. Se manifiesta como una erupción vesiculosa en la zona de la frente, nariz y párpados, así como enrojecimiento de los ojos.

Estas formas especiales son menos frecuentes en los niños y, como hemos dicho, de evolución más favorable que en los adultos.

Tratamiento

El tratamiento del herpes zóster en niños debería ser sintomático en la mayoría de los casos. Así, el uso de fármacos específicos como son los antivirales se reserva para situaciones de riesgo.El herpes zóster en niños.

En caso de ser necesario, el fármaco antiviral utilizado para el tratamiento del herpes zóster en niños es el aciclovir. Se puede utilizar por vía oral o por vía intravenosa. No deben utilizarse otros antivirales usados en adultos por falta de estudios que avalen su uso en niños.

Respecto al tratamiento sintomático, dirigido a disminuir el dolor, acelerar la recuperación y prevenir complicaciones, se utilizan fármacos antiinflamatorios no esteroideos. En casos más severos, se pueden utilizar también corticosteroides, como la prednisona.

La asociación española de pediatría recomienda la vacunación de los niños frente a la varicela. En cuanto al herpes zóster, la inmunización no previene su aparición.

Se han descrito casos de herpes zóster posteriores a la aplicación de la vacuna, y esto ocurre porque los virus de la vacuna de la varicela también se quedan latentes en la médula espinal y pueden reactivarse llegado el momento.

Aún así, toda prevención es buena y conviene seguir los consejos de los especialistas y aplicar correctamente el calendario vacunal a los niños.

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