Dejar de tener rabietas: ¿qué le tienes que decir a tu hijo?

Francisco María García · 18 septiembre, 2017

El tener rabietas es la forma que el niño -aún inmaduro- tiene para comunicar que “lo que siento es más fuerte que yo y no lo puedo controlar”. Es normal que tenga estas reacciones fuertes de enfado, pues no logra expresar con palabras esa emoción intensa que lo domina.

Generalmente el tener rabietas se manifiesta con fuerza alrededor de los dos años de edad. Es importante tratar estas crisis adecuadamente para contribuir al saludable desarrollo emocional del niño.

Hay diferentes tipos de rabietas. En ocasiones, el tener rabietas es una herramienta para manipular y conseguir lo que el niño quiere. Otras veces existen raíces emocionales más profundas. Para cualquiera de los casos, lo fundamental es no responder a una rabieta infantil con una rabieta de adulto. Además, hay que conservar la calma y actuar con control de las propias emociones.

La madre o el padre debéis hablar con el niño sobre lo sucedido, pero no en el momento de la rabieta. Es mejor hacerlo una vez que se haya calmado. Durante la crisis, el niño no entiende razones. En ese momento los especialistas sugieren contener al niño, abrazarlo. Hay que decirle palabras suaves y cariñosas y esperar. Cuando la rabieta haya pasado, será el momento de hablar.

Los niños muchas veces tienen episodios de rabietas de forma involuntaria

¿Qué decir al niño para que deje de tener rabietas?

Como vemos, tener rabietas es normal en un período de la infancia. Por eso, lo más importante es que cuando habléis con vuestro hijo tras el episodio de rabieta, lo ayudéis a reflexionar y madurar.

  • Conviene tener presente que, en el momento de hablar con el niño, debéis hacerlo de manera concreta, clara y directa. Es importante que os aseguréis de que el niño entiende lo que le estáis diciendo.
  • Las miradas, gestos, abrazos, sonrisas o tonos de la voz que transmitan afecto son fundamentales en la comunicación. Esto no implica que se apruebe su rabieta. Aunque se le hará saber que su crisis es inadecuada, tiene que sentir el cariño de sus padres.
  • En el momento de la rabieta, el adulto a cargo del niño debe valorar la situación. Si está en un lugar o posición en la que puede hacerse daño, lo primero será llevarlo a un sitio más apropiado. En esos minutos lo mejor es no decir nada. Una estrategia es lograr que el niño cambie el foco de su atención. De este modo, dejará de atender al estímulo que le provoca la rabieta y se concentrará en otro, conducido por el adulto.

Refuerzos positivos

  • La conversación con el niño no debe enfocarse como una reprimenda. Es importante recordar que tener rabietas es un acto involuntario e incontrolable para él. Palabras como “te voy a ayudar a que superes esto” o “quédate tranquilo, estoy aquí para ayudarte”, dichas con calidez, ayudarán a que el niño vuelva a estar calmado y seguro.
  • Pasado el episodio de rabieta, es importante mostrarle la alegría de que haya recuperado el control. Es momento de explicarle cuál hubiera sido la mejor manera de actuar. “Cuando te sientas así, trata de hablar conmigo, de explicarme lo que te pasa. Lo resolveremos juntos”, “si mamá te dice “no”, puedes preguntar por qué. Siempre hay una razón que tiene que ver con tu bienestar”, o razones similares.
Tener rabietas es normal durante los primeros años de la infancia de un niños

  • Al hablar con el niño no debe juzgarse a la persona sino al acto realizado. No se le debe transmitir la idea de “eres un niño malo” sino de “lo que hiciste estuvo mal”. Esta distinción es fundamental en el momento del diálogo. Los niños solo compartirán sus inquietudes si no se sienten juzgados.
  • El niño tiene un pensamiento concreto. En los diálogos con él hay que evitar los términos vagos y generalizadores. Por ejemplo, es común decir a un niño: “pórtate bien”. Sin embargo, esa expresión puede hacer alusión a tantos comportamientos que muchas veces el niño no logra asimilarla. Otras opciones como “quédate quieto”, “no grites más” o “deja de tocar todo lo que ves” son mensajes mucho más concretos y entendibles.
  • Hablar con un niño implica escucharlo, atenderlo e intentar comprender sus motivos. Será buen momento para hacerle pensar, recapacitar y entender que su comportamiento no estuvo bien. Sea cual sea su edad, no se debe subestimar su capacidad de discurrir y comprender.

Las rabietas desaparecerán a medida que el niño crece. Puede que resurjan con manifestaciones diferentes en la adolescencia. Pero la sugerencia general es la misma: la calma, el diálogo que implica escucha atenta, la adecuación de los mensajes a las características del niño y, fundamentalmente, la manifestación de amor que hará que el niño se sienta seguro y cuidado.