¿Cuándo puedo decir a mi hijo que es adoptado?

La decisión de adoptar a un niño es muy compleja, porque requiere analizar una serie de aspectos que en la mayoría de los casos terminan por convencernos de lo contrario.

Al principio las dudas se dirigen hacia el origen del pequeño, la edad en que deseamos adoptarlo  o las implicaciones legales y familiares al respecto; pero después de haber adoptado, las interrogantes son diferentes: ¿Cuándo decirle que es adoptado? ¿Debo hacerlo? ¿Cómo lo tomará?

Los miedos que despierta este tema son comprensibles, aunque se trata de una intención muy hermosa, todavía existen muchos prejuicios al respecto. Poder manejar esta situación sin ser interrogados y juzgados, es clave para salir airosos, pero no existe un manual para proceder en estos casos.

Cada quien es libre de decidir cómo resolver las interrogantes que se presenten con el tiempo, es decisión personal de los padres si contarles a su hijo sobre la adopción y en qué momento hacerlo. Es común que las familias decidan ocultar el secreto de la adopción, pero los especialistas no aconsejan que sea así, pues decir la verdad es clave para lograr la confianza que todo grupo familiar debe brindar.

¿Existe un momento adecuado para contarle que es adoptado?

Los expertos aconsejan que no esperemos a que llegue a la adolescencia sin saberlo; no obstante, está claro que cuando son muy pequeños no entenderá en primera instancia de qué se trata el asunto.

Cuando se ha adoptado a niños con edad suficiente para entender, las cosas en este sentido pueden ser más sencillas; sin embargo, hay quienes deciden actuar faltando a la verdad.

No se aconseja engañar a los niños de ninguna manera, pues atentamos contra la confianza que van a desarrollar hacia nosotros. En ocasiones se intenta manipular la verdad, negando la relación paternal pero falseando una conexión sanguínea, como decir que somos tíos o padrinos; esto, es igual de riesgoso que mentir diciendo que somos sus padres biológicos.

Dependiendo de las características de la adopción, las herramientas para contar la verdad las viene dando el mismo proceso; recordemos que la convivencia va a generar espacios para tocar el tema que nos interesa. Quizá no va a ser necesario planificar el momento especial para revelarles la verdad, sino que el tema saldrá a flote en cualquier conversación que pareciera insignificante.

El desarrollo intelectual del niño, las relaciones sociales  y familiares condicionan su aprendizaje, es posible que el comience a preguntar sobre su propia existencia cuando llegue al colegio y le toquen el tema. Sin embargo, también puede que lo haga mucho antes, por ejemplo, cuando conoció a su primito recién nacido o fue a visitar a los abuelos; este tipo de conexiones le llevarán a preguntarse sobre sí mismo.

Aunque nos parezcan las preguntas más temidas, como padres adoptivos deberíamos estar esperándolas con ansias, pues iniciarán el proceso para contarles la verdad de manera natural y lo menos traumática posible. Tal vez  desde el principio no nos sintamos listos, pero debemos tener en cuenta que la verdad es la clave de la buena relación que deseamos mantener.

Si creemos que no tiene edad suficiente, pero está interesado en el tema, podemos comenzar a decírselo; esto permitirá que cuando sea más grande, tenga cierta información que procesar. De este modo, quizá en su mente esté flotando la información y él mismo pueda propiciar el momento para aclarar todo el asunto.

Tampoco se aconseja que insistamos en hablar sobre el tema si él no quiere, porque debemos comprender su incomodidad. Esperemos a que vuelva a preguntar y se manifieste claramente interesado en que sus dudas sean aclaradas; en todo caso, si desea conocer más sobre su origen es algo que no podemos negar.

En consecuencia,  la recomendación principal es estar conscientes de que el momento habrá de llegar, por lo cual podemos ir planeando cómo decirlo. Lo más importante en estos casos es que ese día llegue rodeado de amor, que el niño quede sorprendido de lo mucho que se le quiere a pesar de ser adoptado, en lugar de preguntarlo porque no se ha sentido cómodo.

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