¿Cómo prevenir el VPH?

Macarena · 29 mayo, 2016

El Virus de Papiloma Humano (VPH) consiste en un padecimiento silencioso pero tan dañino como cualquier otro. Es un bacilo de alta prevalencia, pero escasas manifestaciones, y suele asociarse al cáncer de cuello uterino.

Se trata de la enfermedad de transmisión sexual más común en todo el mundo: alcanza aproximadamente las 660 millones de personas infectadas a nivel global. Los especialistas indican que al menos la mitad del público sexualmente activo contraerá VPH en algún momento de su vida.

Afortunadamente, un gran caudal de las infecciones ocasionadas por el Virus del Papiloma Humano desaparecen por sí solas. Sin embargo, en los pocos casos donde el germen permanece, este padecimiento puede desembocar en graves y complejos problemas de salud.

Pero, ¿qué es el VPH y cuáles son sus síntomas? ¿Hay forma de prevenirlo? ¿Cuál es su tratamiento y por qué es tan importante concienciar a la población en torno a este mal que aqueja a la sociedad? Descubre las respuestas y difunde este artículo de gran relevancia para hombres y mujeres del mundo entero.

Tipos de VPH

De acuerdo a innumerables investigaciones científicas elaboradas en torno a esta preocupante enfermedad, existen más de 100 tipos de virus capaces de generar VPH, algunos de los cuales podrían devenir en casos de cáncer si, al no realizar el seguimiento y tratamiento adecuado, evolucionan con el paso del tiempo.

De hecho, de acuerdo a las estadísticas del 2008, los distintos tipos del Virus del Papiloma Humano ocasionaron mundialmente cerca de 610 mil casos de cáncer anuales de los cuales alrededor de 530 mil se localizaron en el cuello del útero, 24 mil en la zona anal, 22 mil en la faringe, 12 mil en la vulva, 11 mil en el pene y 9 mil en la vagina.

Sin embargo, cabe aclarar que existen básicamente dos tipos de VPH: de bajo riesgo y de alto riesgo. Aquellas cepas del virus que solo causan verrugas en la zona genital o anal y tienden a desaparecer por sí solas sin conllevar mayor grado de riesgo, son considerados “de bajo riesgo”.

Dentro de este grupo más “leve”, se hallan los virus tipo 6 y 11, los cuales por lo general son responsables del 90% de casos en los que se hacen presentes las verrugas genitales tanto en hombres como en mujeres, pues este virus no discrimina sexo ni edad.

Aspectos generales . Area de Laboratorio.

Ahora bien, los otros tipos de VPH genital son directamente asociados con cánceres masculinos y femeninos, por lo cual se consideran de “alto riesgo”. Entre ellos, los que frecuentemente se asocian a las enfermedades oncológicas en el cuello uterino son los subtipos 16 y 18.

Virus de Papiloma Humano: ¿Cómo diagnosticarlo?

Generalmente, el VPH no presenta síntomas, salvo que se trate de un subtipo capaz de causar consecuencias externas tales como verrugas genitales. Por eso, este virus neutro de género, es muy difícil de ser diagnosticado.

En las mujeres, el microbio infecta el tracto genital inferior, es decir, vulva, vagina, cuello uterino y región perianal. En cambio, aunque el porcentaje de infección masculino es menor, casi 30 tipos de HPV infectan la zona genital, provocando lesiones en el glande, prepucio, cuerpo del pene, uretra y zona perianal.

Por este motivo, tanto médicos como investigadores recomiendan encarecidamente realizar por lo menos una consulta ginecológica anual a fin de llevar a cabo las opciones más tradicionales de diagnóstico temprano de esta peligrosa condición.

Para detectar la enfermedad, se ordena la realización de dos estudios que se practican en simultáneo: el Papanicolau y la Colposcopía. El primero permite detectar el HPV en el cuello uterino al observar células anormales mientras que el segundo ofrece información complementaria e identifica las lesiones.

No obstante, en la actualidad existen además otras técnicas muy novedosas en las que se puede conocer la tipificación individual del virus, como la reacción en Cadena de la Polimerasa, en la que se extrae la secreción del útero o se estudia algún tejido extraído.

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¿Cómo prevenir su aparición?

El VPH se transmite más frecuentemente durante las relaciones sexuales vaginales y anales, pero también a través del sexo oral y el roce de los genitales. En este caso, las preferencias sexuales no importan, pues se transmite tanto entre parejas heterosexuales como homosexuales, aun sin presentar signos ni síntomas. Los expertos señalan que la mejor forma de prevenir el contagio es vacunarse. Al momento existen dos vacunas y ambas brindan protección contra los tipos de virus causantes de cáncer de cuello de útero, vagina y vulva. Sin embargo solo una de ellas es capaz de prevenir los bacilos responsables de las verrugas genitales.

La importancia de estas vacunas inmunogénicas es que desarrollan anticuerpos anti HPV en quienes se las aplican. El esquema de vacunación consiste en tres dosis y las contraindicaciones son poseer alergia a alguno de los componentes de la inyección o estar encinta, con lo que debe suspenderse el plan de vacunación.

Asimismo, si bien los métodos alternativos para prevenir el VPH no son tan efectivos como las vacunas, considerar los factores de riesgo puede ser también de gran ayuda. En este caso, las recomendaciones apuntan a los cuidados necesarios durante encuentros íntimos.

Es así como los médicos señalan que la abstinencia sexual, la utilización del condón, mantener parejas estables o limitar el número de compañeros sexuales, pueden disminuir el riesgo de padecer esta enfermedad y sus terribles consecuencias.

Tengo VPH, ¿cuál es el tratamiento?

Tanto el HPV como el consecuente cáncer de cuello de útero es prevenible, pero requiere tomar como medidas infalibles consultas ginecológicas frecuentes y vacunación. Pues esta infección causa a nivel mundial 500 mil casos de cáncer cervical por año, traducidas en 300 mil muertes.

Aunque una gran proporción de casos la lesión producida por el virus tiende a retrotraerse y desaparecer espontáneamente, se requiere de un seguimiento y tratamiento apropiados. Por supuesto, esto implica ocuparse de la expresión viral, dependiendo de su extensión y la zona lesionada.

  • Topicaciones. Suelen efectuarse una vez por semana, aplicándose sustancias capaces de cauterizar la zona.
  • Crioterapia. Es de única realización, no requiere anestesia e implica la regeneración del tejido, lo cual demora aproximadamente un mes.
  • Láser. Se trata de una intervención quirúrgica pero sin post-operatorio.
  • Resección LEEP. Consiste en otra técnica llevada a cabo en quirófano, donde se extirpa tejido a fin de practicar un estudio histológico para el diagnóstico. En esta opción se apela a la anestesia, la cual puede ser local o general según el caso.