El acuerdo necesario: Cuando papá y mamá educan diferente

Una de las situaciones más comunes durante la crianza de los niños son los inevitables cruces entre padres. Ello generalmente obedece a que ambos progenitores muchas veces no pueden llegar a ese acuerdo absolutamente necesario: ¿qué hacer cuando los dos educan diferente?

Pues no es una novedad encontrarse manejando de manera diversa un mismo problema familiar. Hoy es frecuente encontrar dos personas reaccionar de modo disímil ante determinadas situaciones generadas en la infancia. Esto genera discordia.

No es para menos si se piensa en la aplicación de métodos de educación diferentes que conllevan en ocasiones una pérdida del camino delineado. Igualmente, comportan también cierta desautorización de la figura paterna o materna.

Por supuesto, criar un hijo es cosa de dos. Por eso, es fundamental llegar a un acuerdo respecto al modelo de crianza escogido. Eso mismo no debe ser motivo de pleito frente a los hijos, sino más bien un tema de debate de la pareja puertas adentro.

Cuando papá y mamá educan diferente

Estas discrepancias aparecen cuando uno de los miembros sigue una crianza de la vieja escuela (tradicional) mientras que el otro progenitor opta por una educación menos dura y estricta. Ello bajo ningún concepto significa ser permisivo o dejar todo a libre albedrío del menor.

Pues este es el caso de, por ejemplo, quienes ejercen la disciplina positiva u otro tipo de enseñanza donde cambian los castigos físicos y demás técnicas nocivas y poco eficaces por otras estrategias más actuales, productivas y menos crueles.

De más está decir que, si en el matrimonio no existe el diálogo, comienza a percibirse ese desequilibrio que genera un gran malestar al interior de la relación que no ofrece apoyo en este proceso. Momentos tensos, conflictos, peleas y soledad completan el panorama.

De modo tal que resulta imperioso mantener una comunicación fluida y franca entre ambos. Paralelamente se requiere de mucho respeto, amor y paciencia para transitar este camino que innegablemente será duro y lento que pide a gritos un trabajo en equipo parejo.

Algo que ambos padres deben recordar es que, aún no apreciando resultados inmediatos, a través del acuerdo necesario llegarán a la meta: forjar adultos autónomos, con buena autoestima, felices y agradecidos por todo ello. Un premio para tanto trajín.

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Un acuerdo necesario

Recuerda que además de padres son una pareja. Si tiran de la carreta de forma desigual, la misma desbarranca. Entonces aquello que puede costar mucho, si se hace entre los dos, cuesta menos. Si no hay acuerdo y cada uno sigue por su lado, cuesta el doble.

Claro que como padres se puede y se tiene el deber de educar a los pequeños, eligiendo libremente cuál es el modo que creemos más adecuado. Ello no quiere decir que el acuerdo implique seguir un modelo con el que no se comparte.

Así hablamos de un acuerdo en el que existe el diálogo, la negociación. Fundamentalmente donde no se produzcan peleas frente a los ojos infantiles. Donde no se den órdenes y permisos que contrasten permanentemente y confundan al menor.

Delante de las criaturas no pueden existir reproches, pues eso debe estar previamente solucionado de manera privada. En eso consiste este imperioso acuerdo: entender, respetar y empatizar con la persona que tenemos al lado.

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Conectar, ni más ni menos. Con padre y con hijos. Solo así las cosas funcionarán mejor, y el hogar marchará sobre ruedas. En caso contrario, será imposible llegar a un entendimiento. En consecuencia, la unión familiar comienza a desmoronarse.

El consenso, lejos de una imposición u obligación

Imponer u obligar a quienes rodean a seguir nuestros pasos puede resultar asfixiante para todos. No se trata entonces de ejercer esta presión en cada integrante de la familia. Se trata de aprender a aceptar las diferencias y aprender a convivir con ellas de la mejor manera, por nuestros hijos.

En definitiva, sea a través del castigo o del ejemplo, tanto papá como mamá solo buscaban lo mejor para el futuro del chico. Por supuesto que, como ambos educan diferente, poseen diferentes herramientas y modalidades.

Pero lo que se mantiene es el amor y una invaluable compañía que ofrecen los adultos al infante, una bonita mancha que no se borra con el paso del tiempo. Estos bienes no materiales confieren al pequeño una fuerza inquebrantable para continuar su vida, sino que también lo nutre de valores.

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