6 fallos que los padres cometen cuando los hijos desobedecen

19 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Mara Amor López
Sin querer, los padres cometemos fallos cuando nuestros hijos desobedecen y estos no van a hacer otra cosa que complicar aún más la situación.

Con mucha frecuencia, los niños tienen una tendencia peculiar a la desobediencia. Es suficiente con que nosotros les digamos algo para que ellos hagan todo  lo contrario. A veces, los padres cometen fallos cuando los hijos desobedecen y esto puede dificultar la tarea de manejar el mal comportamiento de los pequeños.

Prácticamente todos los niños tienen la tendencia casi innata de no respetar las normas establecidas. Sin embargo, los padres no tenemos una habilidad innata para la gestión de estos comportamientos inadecuados de saltarse las reglas. Por esta razón, es necesario prestar atención y pensar qué estrategias podemos utilizar para frenar esos comportamientos desobedientes.

Errores que los padres cometen cuando los hijos desobedecen

Muchas veces los padres cometemos errores que podemos evitar cuando nuestros hijos desobedecen, pero lo hacemos sin darnos cuenta. En este sentido, tenemos que pararnos y pensar qué podemos estar haciendo mal ante la desobediencia de nuestro hijo e intentar cambiarlo.

Niña enfadad sentada en el sofá porque su madre la ha regañado.

Los padres debemos conocer y adaptarnos a la mentalidad de nuestros niños para, así, crear recursos que sean beneficiosos para ambos bandos. A continuación, vamos a ver algunos de esos errores que se cometen cuando los hijos desobedecen.

Gritar

Por más que gritemos, no vamos a solucionar nada. Puede que en ese momento el niño interrumpa su mal comportamiento u obedezca porque se sienta bloqueado o sienta miedo, pero no porque haya entendido el mensaje. Si usamos frecuentemente los gritos, al final se acostumbrarán y no reaccionarán ante ellos.

Utilizar el miedo para amenazar cuando los hijos desobedecen

El miedo nunca es una buena herramienta para que un niño obedezca. Si lo asustamos con seres fantásticos que le causen miedo, lo único que conseguiremos es aumentar sus temores, pero no le enseñaremos a comportarse de forma adecuada. Puede que en ese momento el niño obedezca por miedo, pero en futuras ocasiones no lo hará y no habrá aprendido nada.

Imitar la rabieta

Cuando establecemos una norma que a nuestro hijo no le gusta, puede que se rebele, grite, nos ataque verbalmente o incluso tenga una rabieta, pero nosotros no podemos contraatacar de la misma forma, con gritos, enfados, reproches, etc. Si hacemos esto, lo único que vamos a conseguir es aumentar el conflicto y que pasemos un rato estresante y desagradable toda la familia.

Además, si tras este enfado ponemos un castigo a nuestro hijo, que con frecuencia es lo que más hacemos, el pequeño lo interpretará como una consecuencia del enfado que tenemos los padres, no de su conducta.

En este sentido, si los niños reciben de forma constante castigos, estaremos provocando en ellos sentimientos de frustración y resentimiento, lo que hará que la situación empeore, no que mejore.

Hacer ver que no ha pasado nada cuando los hijos desobedecen

Si hacemos como que no ha pasado nada, podemos mandar un mensaje equivocado al niño: o no se ha dado cuenta de la desobediencia o sí se ha dado, pero no lo ha considerado importante. Cuando hacemos esto, aunque sea lo más cómodo a corto plazo para los adultos, creamos una sensación de desatención y de que lo que hacen los pequeños no le importa a nadie.

Demostrar poder

En ocasiones los padres caemos en el error de tomarnos la desobediencia como un asalto a nuestra autoridad, algo que tenemos que gestionar por medio de la intimidación sin más.

Si un niño no obedece, no lo hace por desafiarnos. En realidad, lo más seguro es que esto se deba a que olvida las reglas, que no las tiene en cuenta. Esto suele pasar por que no entienden y, consecuentemente, no memorizan normas que para nosotros parecen de sentido común.

Padre e hija discutiendo por la tablet.

Si queremos evitar este error, tenemos que distinguir si tenemos delante un caso de desobediencia o simplemente es no obediencia; si no es desobediencia, tendremos que esforzarnos más en conseguir que el niño entienda las normas y su por qué.

Ceder

Si cedemos cuando los niños se niegan a seguir determinadas normas o las incumplen, les vamos a trasladar el mensaje de que desobedecer funciona. Los niños entienden con esto que seguir las reglas es algo opcional y que, por tanto, no sirve para nada.

En definitiva, los errores que a veces los padres cometemos cuando los hijos desobedecen tienen solución. Que los más pequeños desobedezcan siempre tiene que tener consecuencias, aunque tenga que ser negociar con ellos las normas para probarles que tenemos en cuenta sus necesidades e inquietudes.

La formulación de las normas debe hacerse mediante una negociación con los hijos para que sepan el porqué de cada una de ellas. De esta manera, conseguiremos un equilibrio adecuado entre ambas partes. Por tanto, debemos intentar no cometer estos errores y, si caemos en ellos, siempre estaremos a tiempo de rectificarlos.

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